#ColumnaCómoVamos: Esa psique que somos, por nuestro director, Daniel Hurtado Cano

La psique, esa alma colectiva que nos rodea, nos antecede, nos cobija, nos impulsa, está cotidianamente presente. No es fácil de verle, no es sencilla de aprehenderle, mucho menos reconocerle. Esa psique, esa que buscamos con insistencia dentro de nosotros, se expresa continuamente fuera de nosotros. Somos seres sociales por naturaleza, pese a que sabemos que lo natural también puede ser una forma de construcción colectiva.
La vida en una ciudad, sus formas, sus contenidos, sus texturas, son aprehensibles a partir de la experiencia, del lenguaje que construimos para dar cuenta de ella, para narrarle. Si esa psique colectiva está fuera y en nosotros mismos, es el lenguaje mismo el que le construye y le deconstruye cada día. El malestar en la cultura expresa las tensiones permanentes que vivimos, esa discrepancia, esa distancia entre lo que nos surge natural como diría el Demian de Hesse y la necesidad de la multiplicidad de almas de ese Harry.
La permanente tensión, la constante paradoja, la ambivalencia de lo social nos permite entender que el hoy no es sólo lo actual, el hoy es fruto necesario de nuestro pasado, no sólo el reciente, incluso del más lejano, aquel que forma nuestra historia, nuestra idiosincrasia, nuestros valores, nuestra cultura. El hoy es fruto de ese futuro que soñamos, que imaginamos, que trazamos, en ocasiones de una manera muy difusa que se pierde en nuestras propias ensoñaciones. Lo que es, podría ser de otro modo. Esa es la consigna del rebelde de Camus.
La comprensión psicológica de lo que sucede está en el consultorio, está en la calle, está en la discusión pública. La psicología estudia, analiza, comprende, propone desde su orilla. Necesita de otras, de la sociología, de la filosofía, de la economía para dotar de mayor amplitud y profundidad lo que acontece. Dar cuenta del pasado reciente, del presente inmediato, del futuro lejano, es un juego colectivo en el que confluimos todos.
La psicología necesita avanzar en sus comprensiones, posicionar su discurso y sus reflexiones en la arena social. La psicología profunda, aquella que también concibe lo cognitivo como foco central de sus intereses, esa otra psicología que entiende a la psique como un epifenómeno del cerebro, la psicología que busca dotar de sentido lo que acontece, aquella otra que ve en la conexión con lo humano, lo divino y lo terrenal la meta de realización de cualquier individuo, necesita discutirse, necesita implicarse, en esa discusión tan lejana como la profundidad en cada uno de nosotros, requiere abalanzarse hacia ese otro que no es tan diferente a uno mismo. Bien lo decía Germán Guarín Jurado hace muchísimos años en clases de psicología: “Yo soy el otro en mí”. Una frase profunda: sitúa la necesidad del otro como condición necesaria para ese yo que cada uno de nosotros es.
La calidad de vida es un concepto que abarca múltiples dimensiones de lo que somos, de lo que hacemos y de las fuerzas que se alzan entre nosotros. Además de expresar ese mínimo de bienes y servicios que requerimos para una condición de bienestar, esa calidad implica que la vida es algo más que la sola subsistencia. Está más allá de sólo existir, requiere dotarse de un sentido adicional. Sentido propio, colectivo y, por qué no, también discursivo.
Necesitamos involucrarnos cada vez más en la discusión de lo que somos, de lo que hemos sido y de lo que anhelamos ser. Todo, una discusión pública que nos hable de nuestro horizonte, de nuestro propósito.

*
El jueves 28 de octubre a partir de las 8:00 am compartiremos los principales resultados del informe sobre Primera Infancia para la ciudad de Manizales 2020. Será transmitido a través de nuestras redes sociales de Manizales Cómo Vamos.

 

Fecha de publicación: 22 de octubre del 2021

Conoce la versión virtual de la columna aquí

22 octubre, 2021