#ColumnaCómoVamos: Apuntes sobre el suicidio, por Claudia Tamayo González

En estas frases exploro la lógica que hay en el suicidio como forma de pensamiento y voluntad. En mi trabajo como psicóloga me acerco al suicidio desde la compasión y el respeto. Pienso que un tema tan sombrío necesita iluminarse de alguna manera en la preparación del pensamiento y en la forma de asumir el vértigo que llega al espacio de la consulta con las personas que buscan morir, que se aferran a una idea de muerte, que se hacen daño.

° He visto que algunas personas cercanas a un suicidio terminan por intentar esta forma de muerte. Hasta cierto punto se apropian de algo que no les pertenece con el ánimo de entender lo que le ocurrió a un ser querido, y lo simulan.
° Soñó que cargaba su propio cadáver. Era tan pesado que lo descargó en una tarima. Acercó una silla y comenzó a velarse, contemplando la cara que tendría de muerta, consumando una fantasía narcisista.
° Ser suicida es ver en la muerte la única y mayor determinación de la vida. Es ver en la muerte el foco lumínico hacia el que vuela un insecto escapando de la sala oscura, a menos que lo traigamos de regreso apagándole la luz.
° Que el suicida entienda que la muerte no es tan concreta, ni tan fácil. No hay que matar en el cuerpo lo que se puede matar psicológicamente. Lo que necesita morir, no muere con el cuerpo. Este es mi mantra como psicóloga, la frase en la que aprendieron a coagularse todos mis esfuerzos.
° Mi paciente estuvo a punto de saltar de un puente y algo lo devolvió, ¿qué sería? Le agradecí por su llegada a la sala de consulta, por el esfuerzo de haberse traído a sí mismo. Le ofrecí agua y a falta de vino para celebrar le pagué la terapia de ese día.
° Confío en que al acompañar tu deseo de muerte ya no tendrás que matarte.
° Es curioso: los suicidas cuando están en peligro o a punto de morir, en vez de alegrarse nadan hacia la otra orilla, ilusionados.
° El suicida carga con el estigma de ser un asesino. De ahí que muchas veces querrá matar en la terapia, querrá matar al terapeuta luchando con todas sus fuerzas para demostrar que nada lo redime, y que, al ser un asesino, merece una condena matando al otro en la palabra. Les ofusca que uno los escuche con tanto amor y sin reproches, sin los elementos cristianos de la culpa.
° No importa que sea fin de semana. Me pregunto cómo estará mi paciente con dos intentos de suicidio encima, y si habrá dormido bien. Se me ocurre arroparlo, desde el pensamiento, mientras cuelgo la ropa recién lavada en la mañana de un domingo.
° Esa vez fue diferente. Después de repasar en terapia su acto fallido de suicidio, entendimos que en ella la muerte obró como una forma de encarnar.
° El suicida carga con un cadáver adentro, y psicológicamente, necesita practicar la doble muerte. Matar al muerto como en un duelo. El terapeuta, por lo tanto, debe acompañar y asistir al moribundo, ayudando a matar simbólicamente los cadáveres que encuentra.
° Investigué, y no es cierto que un escorpión encerrado en un círculo de fuego se suicida. Lo que vemos son los espasmos del aguijón mientras se cocina, como si fuera una langosta en agua hervida.
° El suicida queda a merced del tiempo, atrapado en los acontecimientos que lo anulan. Pierde el norte, dinamita las coordenadas de su eje trascendente, mata en el cuerpo y se borra. Anula la espacialidad, desaparece al otro, y matándose a sí mismo, nos aniquila.
° No tengo nada más que hacer por usted, le dijo Jung a un paciente que había decidido suicidarse. ¿Y si se va y muere de verdad? Estoy segura, este miedo nos ronda a los psicólogos como una forma anticipada del fracaso.
° Tanto tiempo dedicada a esto y no deja de impactarme una muerte por mano propia.
° ¿Es el suicidio un fracaso del alma?

Fecha de publicación: 3 de diciembre del 2021

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03 diciembre, 2021